“Y si le pega… ¿por qué no lo deja?”

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En estos días de luto ante tanta violencia machista arrebatando vidas de mujeres, hemos visto y escuchado comentarios que critican a las víctimas y justifican a los agresores una y otra vez. “Las mujeres son masoquistas”, “por qué no lo denunció antes”, “qué andaba haciendo a las 3 y media de la mañana”, “se las andaba pegando” y un largo etcétera que sugiere que la mujer “algo hizo”, culpándola de lo que pasó.

“Debido a la forma en que nos nos han criado (el género) a las mujeres históricamente se nos culpa de la violencia. Estos comentarios demuestran que hay una complicidad social hacia el abusador porque es más fácil y sencillo culpar a la mujer, lo que pasa es que estos comentarios liberan de la responsabilidad y la sanción al agresor. Esto justifica los delitos minimizando las agresiones o dejando libres a los verdaderos responsables”, nos explica Marellyn Somarriba, sicóloga de Grupo Venancia.

Detrás de estas ideas no solo hay una visión machista que ubica a la víctima como merecedora de lo que le pasó, sino mucha ignorancia sobre el impacto de la violencia en la mente, emociones y decisiones de las mujeres, explica Marellyn.

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Para poder entender qué obliga a una mujer a no separarse de un hombre agresor, hay que tomar en cuenta una serie de factores individuales, sociales y culturales que la inmovilizan. En un país donde no se actúa frente a las denuncias, donde muchas son presionadas para mediar con los agresores y no logran acceder a la justicia, ¿qué se puede esperar?

“Hay que reconocer que mientras no potenciemos factores protectores para que las mujeres puedan salir de la violencia, no podemos esperar que la mujer dé ese paso”, explica Marellyn. Y añade que en muchos casos las inmoviliza el miedo, la vergüenza al qué dirán o que no cuentan con redes de apoyo para buscar ayuda; dependen económica y afectivamente de los agresores o se sienten atrapadas sin salida, apunta.

Hay mujeres que de tanto escuchar que no sirven para nada se lo creen y su estado mental, su autoestima se va deteriorando al punto que no pueden tomar decisiones para buscar salidas a su situación, argumenta. 

Aclaremos mitos

Por eso, la sicóloga nos invita a ponernos en los zapatos de las mujeres para entender la combinación de factores que la mantienen en una relación violenta:

A ninguna mujer le gusta que le peguen. Una mujer aguanta maltrato por muchas razones, entre ellas las amenazas del hombre con matarla o hacerle daño a sus hijas e hijos si lo deja. También es probable que ella crea en sus palabras de arrepentimiento y promesas de cambio, debido a que hemos crecido con ideas románticas del amor, que para las mujeres también están ligadas al sacrificio, explica Marellyn.

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A muchas les da vergüenza hablar del asunto porque saben que la gente las va a juzgar primero. También la obliga a quedarse en esa relación el desconocer sus derechos, la falta de trabajo o dinero y su temor a no poder mantener a la familia. Incluso sigue bien presente esa idea de “aguantar al hombre” por asumir que hijas e hijos sufrirán más con una separación o porque es “buen papa”, aunque sea “mal marido”.

Además están los mandatos religiosos que ligan la sumisión al rol de ”buena mujer” y las presiones familiares, ya que la sociedad le inculcó que es responsable de la unidad familiar. Cuántas veces no hemos escuchado “hay que luchar por mantener el matrimonio” o “esa es tu cruz y hay que cargarla”.

Las mujeres no provocan ni son culpables de la violencia. Hay quienes creen que ella hizo algo que provocó la violencia, no importa si fue la forma de vestir, porque salió sin “pedir permiso” o no cumplió “sus tareas” de madre o esposa, como si las mujeres fueran esclavas y sus parejas los amos.

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De esta manera se culpa a las mujeres, que en realidad son las agredidas, y se libera a los hombres, quienes en realidad son los agresores. Tanto hombres como mujeres pueden tener conductas que provoquen enojo, pero la responsabilidad de la acción violenta es sólo de quien la ejerce. Ningún comportamiento justifica el maltrato y mucho menos asesinar a una mujer.

El alcohol y las drogas no son la causa de la violencia. Este es otro de los argumentos de los agresores: al decir que no estaban en sus cabales buscan reducir su responsabilidad en el delito que cometieron. Aunque emborracharse o drogarse puede favorecer las conductas violentas o empeorar la gravedad de los ataques, no son la causa de la agresión. En muchas relaciones estos factores parecen incitar el comportamiento violento, pero muchas mujeres son golpeadas por hombres que no toman ni se drogan, por lo tanto, este es un argumento falso.

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El punto es que si un hombre no ha aprendido otras formas de resolver problemas y expresar sus sentimientos, estas situaciones hacen que la violencia sea más probable o más extrema cuando están alcoholizados o drogados. Son desencadenantes, no la causa de la violencia. Es el machismo y el sistema patriarcal que promueve la creencia de que las mujeres, niñas y niños son posesiones del hombre y que tiene derecho a hacer lo que quiera. Por eso es importante que reflexionemos antes de juzgar a quienes viven o mueren en estas circunstancias.

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Fuentes: suplemento Queremos vivir sin violencia, revista feminista La Boletina, Puntos de Encuentro, 2010 • Por qué las mujeres aguantan la violencia en casa, Fundación Hesperian.

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