Si no soy sicóloga… ¿cómo puedo apoyar a quien vivió una experiencia traumática? Parte II

Para ser red de apoyo de una persona que vivió una experiencia traumática hay que ayudar a que restablezca un sentido de seguridad, recobre el poder y se sienta acompañada, explica Ana Arizmendi, sicóloga y sicoterapeuta mexicana enfocada en trauma, feminismo y alimentación. En la charla virtual Cómo apoyar a una persona que vivió trauma, Ana también explica que no tenemos que ser sicólogas para apoyar a una persona cercana, pero sí es fundamental educarnos, asesorarnos y autocuidarnos. A continuación presentamos la segunda parte de las ideas más relevantes de su exposición donde desarrolla estos temas:

¿Qué tenemos que hacer en un primer momento?

No necesitamos decir o saber, sino ESTAR. La mejor manera de apoyar a quien experimenta un trauma es estar disponible y acompañar sin juzgar. Mientras menos hablemos o hagamos preguntas es mejor. Simplemente decir te creo, estoy aquí para vos es importante. Como acompañantes hay cinco temas que debemos tener en cuenta: tres aspectos fundamentales para la persona que ha vivido la experiencia traumática y dos para nosotras mismas.

  1. Ayudarla a restablecer su sentido de seguridad. Creerle con nuestra mente y cuerpo es el primer paso, además digámosle yo te creo; esto valida lo que nos dice. Validar es decir entiendo que esto es muy doloroso para vos y que estás asustada y tengás miedo. Lo que te pasó estuvo mal… La persona se va a sentir segura si hay alguien que la escucha, le cree y la valida. También podemos preguntarle directamente ¿qué necesitas para sentirte más segura ahora?

Además podemos apoyarla en lo más básico del autocuidado: acompañarla a chequeo médico, limpiar una herida, recomendarle que se recueste, tome agua o coma algo; trasladarla a un sitio donde se sienta segura o acompañarla para que no esté sola.

  1. Ayudarla a recobrar poder y autonomía a su propio ritmo: producto del evento traumático la persona puede sentir que no tiene control de lo que ocurre y cualquier cosa le puede pasar. Más que decirle qué hacer o darle un sermón, podemos preguntarle qué necesita, para que sea ella quien tome la decisión y le ayude a reconectar (excepto cuando son personas menores de edad o ciertas condiciones de salud mental).

En muchas ocasiones quien apoya quisiera que la otra persona piense como ella: Vamos a denunciar, le aviso a tu mamá o pareja… pero eso puede ser demasiado abrumador en ese momento. En cambio, podemos decirle: ¿A quién te gustaría que llame?, ¿qué preferís hacer ahorita?, sin juzgar sus decisiones. Si la persona está confundida y no sabe qué hacer podemos darle opciones: ¿Vamos al médico para que te revise?, ¿vamos a tu casa?, que ella pueda decidir y nosotras repetirle: Lo que vos decidás, está bien.

Hay quienes de inmediato van y denuncian, pero hay otras que no pueden o no quieren hacerlo ahora ni nunca. Lo más importante es la integridad de la persona y que ella se sienta en paz con su decisión. No se puede negar que en los servicios de salud o en los juzgados, a veces hay un ambiente que retraumatiza: otra vez le quitamos poder, le hacemos sentir insegura o sola. Esto en lugar de que ayude, lo que hace es perpetuar esa sensación de trauma. Por eso es importante que ella decida sobre su propio proceso respetando su ritmo.

  1. Dejarle claro que no está sola.  Es bueno decirle que no está sola y demostrarlo en acciones. Algo importante es ofrecer lo que podamos hacer, sin falsas promesas. Hay que ser específicas en el apoyo que ofrecemos, en lugar de decirle si me necesitás en cualquier momento, estoy disponible… mejor decirle si querés que cuide a tu hijo, que te acompañe hoy, ir al médico; si necesitás el contacto de una sicóloga, abogada yo hago cita…
  1. Como acompañantes debemos educarnos y asesorarnos para no juzgar y entender mejor qué podemos hacer. Es importante entender el impacto de una experiencia traumática (ver parte I de este tema) y recomendarle que acuda a terapia sicológica para tratar sus heridas emocionales con alguien que cuenta con técnicas para ello. Nosotras somos acompañantes, nada más. Pero recordemos: a mayor insistencia, mayor resistencia. No se debe forzar a nadie a ir a terapia.
  1. Otro punto importante es autocuidarse. Acompañar a quien vivió una experiencia de trauma nos va a mover, porque a nadie le gusta ver sufrir a una persona que quiere, porque escuchar relatos de experiencias fuertes y ver a la persona abrumada emocionalmente y respondiendo como lo hace, es algo que también nos impacta física y mentalmente.

Por eso, si queremos acompañar desde el mejor lugar tenemos que autocuidarnos. Esto significa que no se nos olvide comer, dormir, movernos, bañarnos; reconocer qué impacto está teniendo acompañar a esa persona en mi vida, qué emociones siento y expresarlas. Podemos escribir cómo nos sentimos: cuando mi amiga me contó del abuso yo sentí esto… vino a mi mente… hablarlo con alguien. Hay que mover el cuerpo, hacer arte, respirar, bailar.

Como acompañantes también es útil buscar ayuda sicológica, en especial cuando hemos vivido experiencias similares a la que nos están compartiendo, pues eso puede ser un “disparador”, porque me recuerda traumas que yo tampoco he procesado. Hay trauma secundario cuando soy testigo, aunque no lo viva yo: que mi hija me diga que su pareja la golpeaba puede significar un trauma.

Por eso hay que estar pendientes de qué sentimos y poner límites asertivos (de asertividad) porque a veces confundimos apoyar con rescatar, ayudar con solucionar; hay una delgada línea. Al querer rescatar y resolver es tomar el rol de la otra persona: actuar y decidir por ella. Si asumimos esa posición de “rescatadora” podemos retraumatizar porque le restamos poder a la otra. El mensaje de fondo es: vos no podés, no sabés y necesitás a alguien; yo te voy a resolver…, y empiezan a ser invasivas. Ayuda no pedida es agresión.

No olvidemos descubrir nuestros límites. Cuando ya no me siento bien a nivel físico, mental y emocional es mejor decir: Amiga ya no me puedo quedar a dormir en las noches, vamos a ver quién te puede acompañar. Apoyar y ayudar quiere decir que estoy ahí para esa persona desde una postura de autocuidado y poniendo límites: apoyo hasta donde sea sano para mí. Hay que reconocer cuando hay cosas que no podemos hacer y destacar lo que sí podemos hacer; porque no ayuda a la otra persona que yo no esté bien.

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