“Ser lesbiana es toda una revolución”

Soy de una comunidad rural del Norte donde todavía vivo. Cuando miro hacia atrás reconozco que todo es un proceso en el que como persona vamos descubriendo habilidades y también cómo es nuestra sexualidad. Cuando somos criadas en familias bastantes heteronormalizadas (donde la pareja hombre-mujer es la norma) hay cosas que uno llama “fuera de lo normal” y lo relaciona con el “pecado” por la influencia del cristianismo y la religiosidad.

Algo así me pasó a mí. Desde los 12 años ya venía sintiendo diferente a los demás, me sentía bastante sucia y que debía rezar y pegarme aún más a Dios para evitar caer en esos “pecados”. Cuando estás en una iglesia estas ideas se interiorizan bastante y eso fue bien duro. Así pasé hasta los 18 años, incluso tuve noviazgos con varones, pero no me sentía bien, los rechazaba y no me gustaban para nada.

Fue hasta que me organicé con otras chavalas que viví un gran cambio. Ahí me di cuenta que sentirme así no era un “pecado”, me autodescubro y empiezo a aceptarme más a mí misma y logro a los 20 años reafirmar mi preferencia sexual como lesbiana. Este fue un momento muy bonito conmigo misma, dejé de discriminarme y castigarme. Al principio se ven como necesidades personales, pero luego se van colectivizando y eso es maravilloso.

Ahora estoy orgullosa de ser lo que soy a partir de reencontrarme conmigo misma y de apostar un poco más a mi felicidad; decirme: Yo merezco ser feliz siendo como soy, y eso no me hace ni más ni menos que los demás, simplemente me hace ser una persona que merece ser respetada y feliz. Estoy orgullosa de la aceptación que tuve conmigo misma y de no aceptar las normas establecidas en la sociedad, la familia, a nivel comunitario.

Soy diferente y lucho desde este cuerpo y eso para mí es clave. Para mí ser lesbiana es toda una revolución, venimos deconstruyendo esas normas que nos invisibilizan. Si a mí me gustaran los hombres no tuviera los problemas que tengo: yo recibiría aceptación, apoyo moral, económico y social. En esta sociedad tan machista, homofóbica y misógina asumirme como lesbiana es un gran aporte. Creo que las redes y colectivos, las feministas, juegan un papel fundamental para acuerparnos y luchar reivindicando nuestra identidad, para conseguir cambios y que se reconozcan nuestros derechos, y más en esta Nicaragua, que nos excluye y violenta.

Demasiados juicios

Hay comunidades donde ser lesbiana es bastante triste porque hay demasiada homofobia. Muchas personas discriminan por la espalda y pocas lo dicen en la cara. También circulan muchos prejuicios, y, por ejemplo, creen que voy a convertir a otras o que me voy a andar fijando en cada mujer que vea por el camino; incluso en muchas ocasiones la mayor discriminación viene de tu propia familia.

A veces uno tiene que agarrar fuerza de donde no hay para seguir adelante, ya no tanto por la familia, sino como de amor propio, por una misma decir aquí estoy, existo y si me quieren aceptar bien y si no, pues no lo hagan, pero sí les exijo respeto porque ustedes ya vivieron su vida y déjenme vivir la mía. Y si tengo que perderlos, yo no los pierdo a ustedes, sino que ustedes a mí por estar cegados por sus prejuicios, tanto religiosos como sociales. En ese nivel de conflicto me ha tocado vivir en espacios familiares.

Yo decidí no andar aclarando si soy o no soy, porque tampoco uno va por la vida preguntando si sos heterosexual o no. El respeto debe estar por ser persona y mi sexualidad es cosa mía y no tengo que andar dando explicaciones a los demás. Pero es bien duro porque hay tanto machismo que a cualquiera se le puede ocurrir querer “componerte” y por eso siempre me autocuido, porque hay muchos ojos encima.

A otras chavalas lesbianas que viven en comunidades yo les diría que no se sientan solas, que hay que buscar redes de apoyo. Hay grupos feministas y colectivos LGBTQ+ que siempre están abiertos con compañeras que nos van a escuchar, no nos van a juzgar y nos van a apoyar. No estamos solas. No hay que someter al cuerpo a vivir infelices, obligarte a ser lo que los demás quieren que seamos, porque tenemos que vivir para nosotras mismas. Creo que en este mundo nuestra misión es hacer lo que nos gusta, ser felices y sentirnos orgullosas de lo que somos.

Esto nos fortalece un montón, es básico buscar ayuda emocional cuando nos sentimos heridas porque es importante sanar y estar bien con nosotras mismas, que nada nos detenga. La sociedad debe entender que las lesbianas existimos y aquí estamos y vamos a estar. Tenemos que luchar, pero siempre desde el amor, unión, sororidad, acuerpamiento, no desde el odio que mueve a las personas homofóbicas.

Testimonio de una muchacha originaria de una comunidad rural de la zona Norte de Nicaragua

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