Obligar a niñas abusadas a parir es otra forma de violencia

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Poco se sabe de la vida de Ereyda Lilieth Brenes Duarte, la niña de 13 años de la Costa Caribe Sur, que murió por una hemorragia posparto tras dar a luz a una bebita. El sentido común nos dice que fue abusada y embarazada a los 12 años, porque ninguna niña de esa edad tiene el desarrollo integral para consentir una relación sexual, y mucho menos, “decidir” convertirse en madre.

Este caso que ha conmovido a la opinión pública nicaragüense en días recientes nos deja grandes interrogantes como sociedad, si tomamos en cuenta que la mayoría de víctimas de violencia sexual en Nicaragua son menores de 14 años, y que muchas son obligadas a parir hijos e hijas producto de violación, aumentando aún más su experiencia traumática.

“En el caso de esta niña es violación, independientemente que fuera un chavalo de su edad o un hombre mayor. Creo que hay que volver al tema de por qué no nos indignamos cuando vemos que hay niñas que no son rescatadas por la familia o comunidad, ni son protegidas por el Estado”, nos comenta Ruth Marina Matamoros, sicóloga de Grupo Venancia, quien atiende a sobrevivientes de violencia desde hace más de 20 años.

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Para la sicóloga feminista, aunque es un hecho que las chavalas comienzan su vida sexual cada vez más jóvenes (en Nicaragua se estima que es a los 16), el machismo que nutre la mentalidad masculina hace pensar en todas las presiones y chantajes a las que son sometidas aquellas que lo hacen supuestamente “con su gusto”.  “No es que seamos poco crédulas de que no comienzan pronto las relaciones. Sabemos que así es y lo hacen con pocos conocimientos y herramientas para decidirlo de manera responsable, pero el punto es que siempre se cuestiona a la chavala y no se sabe nada de quién es la contraparte: hombres adultos o mayores que ellas, quienes, según nuestra legislación cometen un delito”.

Ruth añade que debido a la prohibición del aborto terapéutico desde el 2006, interrumpir el embarazo cuando peligra la vida de la mujer está penado. Es triste e indignante que en nuestro país el embarazo y la maternidad forzada en la práctica se hayan convertido en una política pública. “Conocemos el caso de una niña de 14 años que se suicidó porque estaba embarazada, ¿eso lo vemos como muerte materna o cómo lo vemos?, porque era una chavala abandonada a su suerte teniendo que enfrentar un embarazo sin que el responsable de este aparezca por ningún lado. En ese caso dijeron que se había suicidado después de discutir con su pareja.  ¿Cómo es posible que digamos que una niña de 14 años tiene pareja de una manera tan fresca?”, cuestiona la sicóloga.

El ojo siempre juzga a las mujeres

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Otro punto a destacar es que la mirada social cambia con las víctimas de violencia sexual. Si se trata de una niñita ahí no hay dudas y todo mundo pega el grito al cielo, pero si es una adolescente o joven con el cuerpo desarrollado o que muestra su despertar hormonal, de inmediato pasa a la categoría de víctima dudosa y la hacen responsable de lo que le pasó. Es importante que tomemos conciencia de que el hecho que a una chavala le guste andar con ropa chinga o muestre interés erótico-afectivo por alguien no la hace responsable, ya que es el adulto quien no debe cometer el delito ni enamorando, ni seduciendo, ni violando. Aunque tengan cuerpos desarrollados y muestren curiosidad sexual, son chavalas menores de edad que requieren de orientación y protección especial por el hecho de serlo.

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En el caso de Ereyda, las redes se inundaron de diferentes comentarios condenando el hecho o llamando a las madres a “inculcar valores” en las chavalas o a tener “más cuidado”, ya que se asume erróneamente que es deber único de las madres cuidar a hijas e hijos las 24 horas del día. También han sido evidentes los reclamos feministas exigiendo el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, sexualidad y vida, los cuestionamientos al Estado por obligar a niñas violadas a parir en lugar de permitir los abortos terapéuticos para no arriesgar sus vidas y por no investigar debidamente a los agresores.

En el programa Y ahora yo tengo la palabra de Radio Vos el pasado lunes, fueron notorias las intervenciones de mujeres de distintas edades, criticando el hecho de obligar a la niña a parir por vía vaginal, cuando por lógica había que hacerle una cesárea. Una oyente que habló al aire se mostró indignada y dijo que en Nicaragua “ahorita morir es como nada, como que nosotras las mujeres fuéramos cualquier cosa. Se murió y es parte sin novedad”.

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Ana Ara, sicóloga del Colectivo de Mujeres de Matagalpa, dijo que “en primer lugar no debieron dejar que este embarazo se desarrollara. Hay una falta de responsabilidad de la nota, prácticamente dicen que no hay tanto problema en que se haya muerto porque se rescató a la otra niña que nació, entonces el valor de la maternidad vuelve a ponerse por encima de los derechos y la vida de niñas y mujeres. Deciden sobre nuestros cuerpos y nos castigan con morir por la voluntad de las leyes y los políticos. Esta niña debió ser protegida por el Estado”, expresó en el programa radial.

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La médica del Colectivo María Jesús Ara manifestó que ninguna mujer debería morir por el hecho de dar vida, mucho menos una niña quien no debería llegar a un embarazo, peor si es producto de violación. “Podemos y debemos actuar, tenemos una gran responsabilidad”, expresó en esta radio matagalpina.

Sabemos que para evitar más víctimas como Ereyda necesitamos no solo cambiar la mentalidad y prácticas machistas que cosifican los cuerpos de las mujeres, sino asumir como una responsabilidad colectiva el cuido y protección de la niñez y adolescencia. Además urge una educación sexual integral, información y acceso a métodos anticonceptivos, cumplir con nuestro derecho a decidir sobre cuerpos y vidas y terminar de una vez por todas con estas historias de horror de niñas siendo violadas, obligadas a parir y muriendo. Ni el Estado ni la sociedad podemos seguir siendo cómplices de ninguna otra muerte por omisión y falta de protección.

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