Impulsemos una crianza positiva para educar sin violencia

En Nicaragua, cada vez más hay conciencia que para educar a una niña o un niño no hace falta gritarle o golpearle. Usar el castigo físico y las agresiones verbales son acciones que atentan contra sus derechos humanos con graves repercusiones en su salud física y emocional actual y del futuro.

La crianza es una forma de relacionarnos con las hijas e hijos en la cual se implican los derechos. Por eso es importante entender que la crianza no es solo imponer disciplina sino también mostrar afecto, poner límites, comunicarnos de forma cercana o transmitir nuestras ideas y valores con el ejemplo.

“En la medida que padres y madres asumen un rol protagónico de acompañamiento y crianza compartida, sus hijas e hijos les tendrán como referentes para actuar, tomar decisiones y relacionarse con otras personas. El éxito está en las relaciones positivas que vean en su familia”, nos explica Marellyn Somarriba, sicóloga de Grupo Venancia.

Y recomienda que nos pongamos a pensar que la violencia, castigos, humillaciones, amenazas e insultos no generan respeto, sino miedo. A quien se educa a punta de garrote puede creer que la violencia es una forma aceptable de relacionarse entre las personas. “Antes de dar una nalgada o insultar, pongámonos en el lugar del niño o niña que fui yo. Cuantas cosas que vivimos que nos causaron daño y las recordamos con dolor. Pensemos antes de actuar”, recomienda la sicóloga.

Qué podemos hacer para poner límites y educar sin maltratar:

Fomentemos la comunicación: hay que animar a las niñas y niños a que expresen sus emociones y sentimientos hablando. Para ello es crucial que sientan confianza para hablar y decir lo que sienten, “por eso veámosles a la cara cuando les hablamos, dediquémosle tiempo, leamos cuentos, escuchemos sus razonamientos”, nos dice la sicóloga.

Enseñemos con el ejemplo: niñas y niños aprenden lo que ven, debemos convertirnos en buen ejemplo para imitar. Por eso es clave enseñar con el ejemplo el respeto hacia las demás personas y opiniones diversas; así como la realización conjunta de las tareas del hogar y los cuidados. “Tengamos cuidado en no clasificar las tareas de la casa de acuerdo al sexo. Hay que enseñarles que cada persona tiene que colaborar porque es una responsabilidad compartida”, explica la sicóloga. Y recomienda que para poner límites es importante establecer normas y horarios. “Así aprenden en qué momento van a la escuela, hacen tareas, deberes de la casa, qué juegos son permitidos y cuáles no… todo eso impacta en la construcción de la personalidad”, apunta.

En lugar de pegarle, quitemos privilegios: lo primero es explicarle por qué está mal su comportamiento y las consecuencias que tiene. Si no se comportan como deberían, se les puede quitar un juguete que ama, prohibirle ver su programa favorito o salir a un lugar que le gusta.

Critique el comportamiento, no a la persona. Cuando cometen un error o se portan mal, no hay que decirles que fueron malos, sino explicarles lo que hicieron mal. En lugar de decirle que no hace caso, hay que decirles que si se suelta de la mano en una calle traficada le pueden atropellar.

¿Y si hace una rabieta? “Como madres o padres jamás hay que acceder a lo que nos piden en medio de una rabieta. Si para calmar el alboroto accedemos a lo que quiere, sabe que siempre que lo pida de esa manera lo va a obtener. Si decimos que es suficiente sin violencia e ignorándole aprende que todo tiene un límite. Hay que dejarles que hagan su berrinche (si es que no se están haciendo daño) hasta que se tranquilicen.

Fuente: Cómo poner límites sin violencia, World Vision, Colombia.

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