Cuando tu hija adolescente se enamora de un adulto… (parte II)

Tiene 13 años y dice estar enamorada de un hombre de 28. Vive en una comunidad rural de Matagalpa y tiene la ilusión de “formar un hogar”, porque es una situación común para muchas de su edad, quienes no experimentan relaciones de noviazgo, sino que pasan de la tutela familiar a la vida de pareja. Marina, su madre, quiere convencerla de que siga estudiando y que esa relación no le conviene, pero no encuentra cómo hacerlo.

En Nicaragua hay varios factores que inciden en la normalización de “parejas” entre adultos y chavalas menores de edad, nos dice Ruth Marina Matamoros, sicóloga feminista que atiende a sobrevivientes de violencia y trabaja con grupos de adolescentes y sus madres. Ella nos explica que en una sociedad machista las mujeres no somos dueñas de nuestros cuerpos, estos se ven como objetos sexuales para satisfacer a los hombres. “Ideas como estas contribuyen a las uniones tempranas con hombres mayores, que suelen doblarles la edad, pero que son aprobadas por familiares, sobre todo cuando se hace cargo económicamente de sus necesidades. Pero las consecuencias para las chavalas en su ciclo de vida son grandes, pues llegan a asumir responsabilidades de adultas cuando siguen siendo unas niñas”, argumenta la sicóloga.

Este tipo de uniones no son legales ni correctas porque una adolescente no tiene el desarrollo integral para tomar estas decisiones. “Les falta experimentar varias cosas que forman parte de la vida, por eso no pueden consentir una relación de pareja a esta edad. Desarrollar el pensamiento crítico es una de ellas, y la independencia emocional es otra; es decir, que podamos pensar por nosotras mismas y decidir no sólo con el corazón, sino haciendo aquello que nos conviene, porque sentimos que merecemos que nos vaya bien en la vida”, argumenta la sicóloga.

Y añade que en nuestra sociedad cuando las chavalas comienzan a ‘desarrollar’ muchos hombres consideran que “ya están listas” para iniciar vida de pareja. “Si ya la ven con cuerpo de mujer, tanto que esté libre (sin novio) o si no lo está, el que llegue primero se la lleva como si de una cosa se tratara. A algunos les puede parecer relativamente fácil convencerla porque tal vez ella le ha contado que en su casa las cosas son difíciles, que hay maltrato o que tienen muchas necesidades porque son pobres”, enfatiza Ruth.

También analiza que puede ser que las chavalas se sientan atrapadas o comprometidas porque ellos han sido “bondadosos” al ponerles recarga para comunicarse o las invitaron a comer algo (que se valora como un regalo que te hace sentir especial), les dieron dinero y otras cosas materiales (como una forma de decir vos me importás). “Esto puede hacerlas sentir en deuda, porque si ya agarraste reales no podés echarte para atrás. Una mujer que le acepta dinero a un hombre tiene que dar algo a cambio, si no, puede ser tachada de puta o de aprovechada”, apunta la sicóloga.

Aunque la ley reconoce como delito que un adulto enamore a una adolescente para tener sexo con ella mediante el engaño (estupro y estupro agravado), en la práctica se ve como “normal”, y hay familias que prefieren que sus hijas se vayan con hombres mayores por razones económicas. Por eso muchos se aprovechan de sus necesidades materiales y emocionales y ejercen el poder que conlleva la diferencia de edad. “No sólo hablamos de un poder económico, sino del convencimiento: Yo voy a resolver cualquier problema y la promesa es vos vas a ser la reina de mi corazón y de mi hogar”, nos dice Ruth.

También explica que las normas sociales y culturales sobre la masculinidad incitan a los hombres a buscar uniones con adolescentes y niñas, porque las mujeres sin experiencia erótica y afectiva “valen más” y pueden moldearlas a su antojo. “Y con esto, lo más probable es que antes de los 18 años ellas experimenten violencia sexual, física, sicológica y emocional, porque hay una relación desigual de poder”, enfatiza la sicóloga.

¿De qué hablar con las chavalas entonces?

La sicóloga comparte estas recomendaciones para Marina y otras personas que tienen situaciones similares:

  • Hablemos de amor propio. Como mujeres, antes de esperar que otro nos ame mucho, debemos aprender a amarnos a nosotras mismas, tratándonos bien y poniendo en primer lugar nuestros proyectos personales. Por eso hay que preguntarles qué quieren ser y hacer dentro de unos años, promover que tengan sueños y metas. Eso se convierte en un factor protector, porque si un hombre quiere cortar sus alas, ellas pueden identificar que es injusto que no tomen en cuenta sus intereses.
  • Compartamos tiempo de calidad para preguntarles cómo se sienten, cómo van, cuáles son sus problemas o prioridades. No es necesario dedicarles 24 horas, porque no es posible, pero un ratito bien compartido puede hacer la diferencia. Repitamos que sus vidas nos importan y que estamos para apoyarles.
  • Permitamos que tengan amistades y conozcámoslas. Tengamos presente que las amistades son muy importantes para sentirse parte de algo más que la familia, y su influencia es vital.
  • Hablemos del noviazgo como una etapa donde las personas se conocen, y que lo ideal es vivir esa etapa antes de irse directamente a convivir. Y, por supuesto, hay que darles permiso de jalar. Si no permitimos que tengan novio, eso las obliga a irse para poder vivir la experiencia amorosa.
  • Conozcamos al novio o pretendiente para saber qué tipo de persona es, cómo piensa, dónde vive y qué hace. Así podemos identificar comportamientos controladores para prevenir a las hijas.
  • Evitemos los regaños y promovamos el diálogo. Hay que insistir en que el amor es parte de la vida, pero no es todo, hay otros aspectos a desarrollar como sus estudios, una carrera, ganarse su propio dinero, desarrollar alguna habilidad artística, en fin… superación personal, proyectos más allá de tener pareja. Ayudemos a que identifiquen todo lo que pierden si se van con el hombre: muchos les prohíben estudiar, quieren que salgan embarazadas para sentirse “seguros”, las encierran, no quieren que se arreglen bonito, las aíslan de la familia… Y si se ponen testarudas, intentemos al menos retardar el momento en que decidan irse.
  • Dejar las puertas abiertas. Si no hay de otra y la chavala quiere irse, lo hará. Pero siempre es bueno que sepa que si algo sale mal siempre tendrá un lugar donde regresar. Eso ayuda a que no aguante violencia porque sabe que su familia la recibirá.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.