Cuando tu hija adolescente se enamora de un adulto… (parte I)

Marina está desesperada. Acaba de descubrir que su hija de 13 años anda desde hace tres meses con un hombre de 28 de una comunidad cercana. Él comenzó a enamorar a la niña y pedirle que se vieran a escondidas. Cuando ella la encaró, su hija le respondió que estaba “enamorada” y si la seguía fregando se iba a ir con él “con su gusto” porque él le había prometido “ponerle casa y hacerla su mujer”.

Aunque en las zonas rurales de Nicaragua las uniones tempranas son muy comunes, esta familia tenía otros planes con su hija, ya que es excelencia académica en la escuela y su sueño es graduarse del bachillerato. Como madres y padres de familia es importante tener información que ayude a las hijas a reflexionar en el campo amoroso, y a explicárselo con modo, para evitar que regaños, castigos y prohibiciones más bien apresuren que se vayan con hombres sin escrúpulos.

En nuestro país si un hombre adulto quiere tener como “novia” o “pareja” a una chavala mayor de 14 años y menor de 16 donde hay relaciones sexuales de por medio, comete el delito de estupro, y cuando el hombre es su maestro, guía espiritual o tutor, entre otros aspectos, comete estupro agravado. Pero la ley poco vale cuando la misma chavala ni la familia tienen conciencia de esto. De fondo hay un combo perjudicial entre el machismo cotidiano, la normalización de este tipo de delito y los mitos del amor romántico.

“Las expectativas sociales nos hacen pensar que la mujer tiene una sola forma de realización personal: a través de una relación amorosa en la que amamos sin condiciones y entregamos todo porque esperamos que así sea del otro lado. Así entregamos nuestra libertad, renunciamos a nuestra familia, a nuestros sueños, e incluso, por el miedo a quedarnos solas, podemos aceptar situaciones de control o violencia”, nos explica Ruth Marina Matamoros, sicóloga feminista con amplia experiencia en este tema con adolescentes.

Para la sicóloga esta forma de socialización nos empuja a colocar en el centro de la vida al amor, a conseguirlo y conservarlo. “Aunque la mujer estudie, trabaje, haga muchas cosas, esto queda en segundo plano a la hora de encontrar el amor.  Y no es que siempre nos lo impongan, es que crecemos queriendo ese amor ideal construido por mitos e ideologías que se meten en nuestra forma de pensar y sentir. Aprendemos a desear esa forma de ser amadas. También puede ser que esa socialización nos empuje a querer una vida independiente y de adulta teniendo pareja y después se choca con una realidad bien diferente a la que te prometieron”, acota Ruth.

Una menor de edad no puede consentir

Cuando las chavalas son menores de 14 años, sin importar que ella haya accedido a tener relaciones sexuales, la ley lo considera violación, y si es mayor de 14 aplica el delito de estupro. Hay que aclarar que el consentimiento de la víctima para caer y acceder a tener relaciones sexuales es debido a los engaños empleados por el adulto, sostiene Ruth. “Yo estoy convencida que dicen que sí, más por miedo a perder a esa persona que promete ser responsable y amorosa, que por el convencimiento propio de esto me gusta o me conviene. Entonces ahí se emplea la presión y la insistencia, el crearles una ilusión.  A veces las chavalas pueden dar el sí sin estar muy seguras, pero luego si quieren decir que no, su NO es irrespetado. Es como si hubiera firmado un cheque en blanco y no hay marcha atrás”, destaca la terapeuta.

Además advierte que no es correcto repetir ese argumento de que la chavala “también quería”, porque “esas decisiones son tomadas dentro de las limitaciones de su falta de poder por edad, género, clase, educación. Esas ‘decisiones’ se revierten en daños a su presente y futuro que les impiden llegar a ser las protagonistas de sus vidas”, nos dice la especialista.

¿Cómo podemos prevenir esto?

La sicóloga Ruth Marina nos comparte estas primeras recomendaciones:

  • Comunicación constante y sobre todos los temas. Desde que están pequeñas debemos desarrollar la confianza con ellas, que sepan que pueden hablar de cualquier tema, y ya cuando la edad lo permite, compartir vivencias sobre el amor, las relaciones de pareja y la sexualidad.
  • Es importante que veamos la sexualidad como algo sano y bueno para nuestras vidas (incluyendo la prevención de embarazos cuando salga la plática). Hay que hablar de sexualidad como derecho y no como algo que es pecado o que debe esconderse porque es sucio o vergonzoso; pero también es fundamental que sepan que su cuerpo es suyo y nadie debe presionarlas para tener relaciones sexuales, mucho menos sin ninguna protección. Tener sexo no es un “regalo” o “prueba de amor”, es una decisión que debe estar ligada al derecho al placer y tiene que hacerse con responsabilidad.
  • Como madres y padres podemos tener limitaciones porque no dominamos todos los temas, pero se vale decir “no sé” y buscar información para aclarar las dudas.
  • Preguntemos a las hijas cuáles son sus sueños, hablemos de proyectos de futuro para que entiendan que la vida no se centra solo en su relación de noviazgo. Hay que apoyarles a identificar intereses, hacer planes de vida, enlistar qué quieren hacer dentro de un periodo de tiempo y los pasos para llegar a esas metas.

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