Cómo empezar a recuperarnos tras una agresión sexual…

“Fue el año pasado en Sébaco. Venía saliendo del trabajo y decidí ir por una cerveza para relajarme un poco. Recuerdo muy bien que me tomé una cerveza, me levanté al baño y luego me tomé otra. No soy de las personas que toman con extraños o que permite que se sienten en su mesa o cosas así, pero conocía a un hombre en otra mesa y de ahí me mandaron una cerveza. Me la tomé y no recuerdo qué pasó hasta el día siguiente que me desperté con el pantalón hasta abajo, con un gran golpe en la frente y me sentía como bola, súper drogada.

“Esto fue bastante duro y lo peor es que somos juzgadas y siempre vamos a tener la culpa. Ojalá hubiera algo que pudiera frenar esta situación, para evitar que otras personas pudieran pasar por lo mismo. Eso me marcó demasiado. Me costó mucho tiempo reconciliar el sueño, dejar de pensar todas las noches en eso, dejar de sentirme culpable. Hoy en día ya me siento un poco mejor, pero es difícil”.

Es el testimonio de una joven durante el programa Conversando, de radio Vos de Matagalpa el pasado 17 de febrero, hablando sobre la droga de la violación. Al igual que ella, algunas mujeres prefieren no denunciar por miedo a ser juzgadas por las instituciones y por sus propias familias o comunidades. Su valiente relato con voz temblorosa invita a otras jóvenes a evitar sentirse culpables.

La violencia sexual es una experiencia traumática que amenaza no solo la integridad física, sino también la mental y emocional, nos dice Paz Aráuz, sicóloga de Grupo Venancia. Y añade que cada mujer tiene su proceso personal para reaccionar, enfrentar y digerir lo ocurrido, ya sea en el momento o tiempo después. 

La terapeuta, que atiende a sobrevivientes de violencia, nos cuenta que tras la agresión hay reacciones normales:

  • Quieren estar solas y no hablar con nadie, con muchas ganas de llorar
  • Se sienten en shock, con vergüenza y culpa
  • Pensamientos repetitivos, imágenes fugaces o pesadillas donde reviven el hecho
  • Sentimientos intensos de tristeza, estados depresivos o pensando hasta en suicidio
  • Estar hipervigilantes, es decir, nerviosas y en alerta constante por temor a que vuelva a pasar
  • Rabia, enojo, frustración
  • Con mucho sueño o insomnio, sin hambre o con comedera
  • Ansiedad, temblores, sudoración, taquicardias…
  • Estar hipervigilantes, es decir, siempre en alerta, pensando que le puede pasar de nuevo

Aunque cueste, hay que buscar ayuda La sicóloga destaca que si la persona decide denunciar en la Policía de inmediato, el protocolo de atención obliga a que le hagan un chequeo físico y otro sicológico, para valorar sus lesiones, darles tratamiento y recoger pruebas para seguir con un proceso judicial. Pero si no quiere hacerlo por el motivo que sea, recomienda al menos buscar atención médica y sicológica. “Lo primero es buscar a alguien de confianza que la acompañe, también habemos defensoras, promotoras y centros de mujeres que estamos para apoyar”, comenta Paz y comparte estas sugerencias:

  • La violencia sexual es una emergencia médica, por ello las primeras 72 horas son claves para evitar más daños. Hay que buscar atención médica, incluyendo un chequeo ginecológico y por supuesto, atención sicológica.
  • Sí o sí, hay que tomarse la pastilla de anticoncepción de emergencia (PPMS), tal como lo establece la normativa 031 del Ministerio de Salud Normas y protocolos para la prevención, detección y atención de la violencia intrafamiliar y sexual.
  • Hablar con el personal médico para valorar tratamientos preventivos de Infecciones de Transmisión Sexual, VIH, tétano y hepatitis B.

Cómo manejar emociones y sentimientos

La sicóloga feminista nos comenta que la mayoría de mujeres sufren porque se sienten culpables. “Recordemos que a otras les ha sucedido sin estar en un bar de noche y en espacios supuestamente seguros. Nada justifica que te violen, bajo ninguna circunstancia. La responsabilidad es siempre del agresor”, enfatiza.

Para finalizar, comparte otras recomendaciones dirigidas a sobrevivientes:

  • Rodearnos de cariño, comprensión y afecto, sentirnos acuerpadas es básico para recuperarnos.
  • Hablar ayuda a sanar. Podés buscar a una amiga o familiar de tu confianza para desahogarte. Podés aclarar qué esperás de ella: “Solo quiero que me escuchés sin juzgarme”, por ejemplo. Al hablar también nos escuchamos y nos ayuda a tomar conciencia de cosas que no sabíamos antes.
  • Valorá hablar con una sicóloga que sabe cómo ayudarte de forma profesional. En muchos centros de mujeres la atención es gratuita.
  • Si querés llorar, hacelo. Si no deseás que te vean, buscá un lugar seguro. Es importante acoger y abrazar el dolor, tristeza o miedo, sentir esto es normal, no hay por qué evitarlo y te ayudará a seguir con la vida.
  • Escribí para evacuar tus emociones. Podés desahogarte de esta manera relatando los hechos o cómo te sentís.
  • Hacé ejercicios de respiración: cuando respiramos lentamente, retenemos y expulsamos el aire, nos tranquiliza y conecta con el cuerpo y emociones, con la vida.
  • Descargá tu rabia: podés patear una pelota, pegarle a una almohada o gritar.
  • Tratá de hacer cosas que te gustan, aun en medio del dolor. Escuchar música, recordar momentos de alegría o rodearte de personas que te quieren.
  • Tratá de no quedarte sola, para evitar deprimirte o hacerte daño.
  • Buscá ayuda para hacer un plan de autocuido. Tratá de descansar, tomar té tranquilizante para dormir y comer bien. Tratá de hacer actividades físicas que te ayuden a descargar tensiones.

Fuentes documentales: • Artículos Sentimientos y reacciones comunes ante la violación y Claves para erradicar el sentimiento de culpa tras una violación

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