Algunas reflexiones sobre el derecho a decidir

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Hay quienes al hablar de la interrupción voluntaria del embarazo critican y juzgan a las mujeres que se plantean hacerlo, asumiendo que se dio producto de una relación sexual consensuada en igualdad de condiciones. Los juicios parten de que ella es una irresponsable, porque no queriendo un embarazo, no hizo nada para evitarlo, así que debe cargar las consecuencias. Mientras, a los hombres casi ni se les nombra, como si no tuvieran responsabilidad en el hecho.

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Posiciones como estas niegan la terrible realidad que muestra que muchas niñas, adolescentes y mujeres son violadas y obligadas a parir, ya que en Nicaragua no se puede poner fin a un embarazo bajo ninguna circunstancia porque la ley lo reconoce como un delito.

Las casas maternas están llenas de niñas y adolescentes embarazadas, en muchos casos, producto de violación. “El Estado los ha naturalizado y ni siquiera se reportan en estadísticas. No hay datos confiables sobre la relación entre abuso sexual y embarazo en niñas y adolescentes”, comentó la socióloga feminista María Teresa Blandón en el programa radial Cuerpos Sin-vergüenzas el pasado 24 de septiembre.

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Toda niña embarazada fue violada, es un lema que las feministas repetimos desde hace años porque conocemos las circunstancias en las que ocurrieron los delitos al acompañarlas a buscar justicia. También hay muchas mujeres en relaciones de noviazgo, casadas o en unión de hecho que son violadas en nombre de los deberes conyugales e incluso del amor. Por eso defendemos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y vidas.

Las causas estructurales

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Sabemos que este tema genera amplios debates y juicios moralizantes o religiosos que juzgan principalmente a las mujeres. Esta visión no reconoce que vivimos en una sociedad machista que promueve relaciones desiguales donde los hombres están en una posición de superioridad real y simbólica encima de las mujeres. Existe la creencia de sexualidades masculinas “salvajes” que ven los cuerpos de las mujeres como objetos sexuales. “Amarren sus gallinas que mi gallo anda suelto”, es un dicho que ejemplifica bien esta creencia.

En el caso de relaciones de pareja, hay muchas mujeres que no deciden cuándo y cómo tener sexo, si quieren o no ser madres y cada cuánto serlo. Es seguro que conozcamos a muchas que se ven obligadas a tener relaciones para “darle gusto al hombre” y además asumen solas la responsabilidad de “evitar una panza”, aunque algunas ni eso, porque sus parejas les prohíben el uso de métodos anticonceptivos al relacionarlo con posibles infidelidades.

Además, nuestra cultura impone la idea de que ser mujer implica ser madre como destino inevitable. Solo hay que ver alrededor para saber que este este es un país de “madres solteras” con altos niveles de irresponsabilidad masculina en el cuido, crianza y manutención de sus hijas e hijos. Muchos no solo niegan su paternidad, sino que abandonan al chavalero en cualquier etapa de su desarrollo, dejando la carga a las mujeres.

“Los derechos sexuales y reproductivos son un terreno en disputa, no solo por la falta de estrategia y voluntad política del Estado, sino porque hay una cultura de negación de estos derechos”, nos dice María Teresa. Explica que a esto se suma un enorme rechazo a la educación sexual porque se la presenta como un peligro y no como una solución necesaria y urgente.

Otro factor a tomar en cuenta es el impacto de la pobreza extendida en la vida de mujeres que no tienen acceso a métodos anticonceptivos y atención adecuada en el embarazo, parto y luego de este, por lo que son víctimas de la mortalidad materna. Para esta reconocida líder, hace falta una estrategia integral para promover comportamientos más responsables e informados para mujeres y hombres, de tal manera que puedan explorar su sexualidad sin exponerse a riesgos como embarazos no deseados o Infecciones de Transmisión Sexual.

Estamos claras que si no hubiera tanto machismo institucionalizado y se respetara el cuerpo, vida y decisiones de las mujeres, no habría tantos embarazos no deseados, y en consecuencia, tantas interrupciones del embarazo ─que existen aunque la ley las prohíba.

 El artículo 16 de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) expresa que “todas las mujeres tienen el derecho a decidir libre y responsablemente el número de sus hijos, el intervalo entre los nacimientos y tener acceso a la información, la educación y los medios que les permitan ejercer estos derechos”.

En países como el nuestro, donde existen barreras generalizadas para acceder a servicios de salud sexual y salud reproductiva, incluyendo los anticonceptivos, ocurrirán embarazos no deseados e interrupciones de estos. Lo que pedimos es poder hacerlo en condiciones seguras con personal médico calificado y sin que nos criminalice por ello.

No deseamos que ninguna mujer tenga que verse obligada a continuar con un embarazo no deseado ni a poner en riesgo su salud, su vida o su libertad. Queremos una sociedad que enseñe a los hombres a no violar y a las mujeres a ser dueñas de sus cuerpos y decisiones. La maternidad debe ser voluntaria, gozosa y elegida. Ese es nuestro derecho a decidir.

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