Acoso, minería y ‘desapariciones’ preocupan a niñas y adolescentes norteñas

“Una amiguita me contó que a ella la abusan en su casa”, “en la letrina los chavalos llegan a vigiarnos (espiar)”, “las madres viven con mucho miedo con las jóvenes que nos limitan la libertad de salir, siempre nos están metiendo miedo o no nos dejan andar solas”, “hay hoyos que hundirán mi comunidad (La Reyna, San Ramón)”.

Estos son algunos de los problemas mencionados por niñas y adolescentes de algunas comunidades rurales de los departamentos de Matagalpa, Jinotega, Estelí y Somoto. Sus voces fueron escuchadas durante un encuentro intergeneracional organizado por la Red de Mujeres del Norte Ana Lucila. Esta es la primera vez que las niñas van como participantes y para el resto fue muy impactante escuchar cómo analizan el contexto actual.

Las chavalitas cuentan que la escuela es un espacio donde niños y chavalos adolescentes las acosan sexualmente, identificando las letrinas como sitios peligrosos. También mencionan que hay mucha violencia física como forma de resolver conflictos entre varones y entre varones y mujeres y saben que muchas niñas viven maltrato en sus casas por lo que llegan “tristes y enojadas”. Además mencionan estar en contra del maltrato animal, en especial con los perros, “o cómo los chavalos agarran a las mariposas y las meten en botellas para matarlas. Ellas se ahogan”, dice una chavalita.

Foto: Karla Rivas

Aunque son niñas y preadolescentes entre nueve y 12 años mencionan en sus palabras que los modelos de belleza sexistas y racistas las hacen sufrir. “Mi amiguita llora por ser negra, porque en la escuela le dicen cosas feas, yo le digo que es bonita, y la defiendo… ella también se defiende y le hemos dicho a la profesora”, cuenta una niña.

La situación medioambiental les preocupa en especial a las que viven en zonas donde hay actividad minera. Una de las declaraciones más impactantes fue cuando una chavalita de San Ramón, comunidad que ha reactivado la minería artesanal, interpeló a las adultas diciéndoles: “Cuando sea grande quiero ser alguien importante para cambiar esta situación, yo no quiero que la comunidad se hunda con tantos hoyos, y ustedes… ¿qué naturaleza nos van dejar?”.

Los problemas de las jóvenas

Foto: Karla Rivas

Para las chavalas más grandes hay varias situaciones que les preocupan y que van encadenadas: la mayoría coincide en que las desapariciones de niñas y mujeres ha generado tanto miedo que ahora hay más control parental. “Este miedo hace que las madres no confíen en nosotras”, por lo que está claro que persiste la tendencia a responsabilizarles de los secuestros siendo ellas las víctimas.

Por supuesto el acoso sexual en las calles y el transporte público, además del acoso virtual con fotos y mensajes soeces por teléfono, es una situación que permanece en el top de las violencias.

Las chavalas añaden que la presión por que se mantengan “vírgenes” y el sueño de verlas casadas “de blanco”, contrasta con el acoso del que son víctimas, porque como están desarrollando sus cuerpos, para muchos hombres esto es la luz verde para seducirlas y “llevárselas”, una situación común en las zonas rurales que va de la mano con el embarazo adolescente. “No tenemos acceso a métodos anticonceptivos y uno no pregunta por las críticas”, dice una joven. También critican que cuando ya son mamás estas muchachas son castigadas por sus familias que ya no las dejan vivir como jóvenes.

Ellas mencionan que hay una constante supervisión llena de prejuicios y creencias que miden cada uno de sus pasos. “Si tenemos las caderas anchas, si nos pusimos delgadas o gordas… ya tenemos relaciones sexuales”, “también hay muchas críticas que si nos vestimos muy varoniles somos lesbianas y si nos vestimos sexi somos muy alborotadas”, finalizan.

Foto: Karla Rivas

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