A prevenir la violencia en albergues y tomar en cuenta la recuperación emocional

Tras el paso del huracán Mitch en 1998 muchas organizaciones sociales nos metimos de lleno para dar respuesta a la emergencia. En Grupo Venancia de Matagalpa hicimos un albergue y atendimos a muchas familias a quienes luego ayudamos a construir sus casas. También formamos parte de una red de recuperación emocional porque entendimos que no solo se debe priorizar la ayuda material.

Laguna de Krukira, Bilwi, Caribe Norte de Nicaragua tras el paso del huracán Eta. Foto: Facebook de Movimiento de Mujeres Nidia White.
Laguna de Krukira, Bilwi, Caribe Norte de Nicaragua tras el paso del huracán Eta. Foto: Facebook de Movimiento de Mujeres Nidia White.

Hoy compartimos algunas reflexiones sobre esta experiencia en momentos como el actual, tras el paso destructivo del huracán Eta por Nicaragua. Una idea fundamental es pensar en cómo el factor de género impacta de manera diferenciada en mujeres y hombres y en cómo responden frente a una catástrofe de esta magnitud.

Foto: Damnificada del huracán Mitch en Matagalpa participa en la construcción de su casa en el barrio Adic-Venancia. Foto: archivo Grupo Venancia

“En situaciones de emergencia, sean desastres de origen natural o social como las guerras, las mujeres siguen asumiendo roles tradicionales y su vulnerabilidad queda al descubierto”, nos dice Ruth Marina Matamoros, sicóloga de Grupo Venancia. Muchas ven aumentada la cantidad de tareas porque siguen siendo las que garantizan la sobrevivencia y sostenibilidad de la familia, explica. Esto implica no solo el cuido de la niñez y personas adultas enfermas o con discapacidad, sino que también debe garantizar que necesidades básicas de la familia estén resueltas, y esto también incluye las necesidades de tipo emocional y relacional.

Ruth nos comenta que se profundiza su rol de cuidadoras ─que se ve como una responsabilidad casi exclusiva de las mujeres─, y eso les deja una gran carga de estrés y menos tiempo y recursos para cuidar de ellas mismas. “Ninguna mujer puede estar 24 horas pendiente de hijas e hijos con todas las tareas que tiene encima, que son más intensas durante este tipo de desastres”, apunta. Por eso es importante promover la división de tareas entre todas las personas integrantes del grupo familiar o comunitario sin distinción de sexo.

Prevenir la violencia contra mujeres y niñez

La sicóloga destaca que si una mujer vivía violencia desde antes, esta puede aumentar durante la crisis actual, ya que muchos hombres descargan sus tensiones de forma agresiva contra sus parejas y familia. Para el Mitch también se dieron agresiones sexuales contra niñas y mujeres en los albergues, por eso quienes coordinan ayuda humanitaria deben tomar en cuenta cómo prevenir este tipo de delitos.

Ruth nos cuenta que una de las medidas de prevención discutidas con la gente refugiada fue juntar a mujeres, niñas y niños aparte de los hombres dejando claro que en ese espacio no se tolerarían acciones violentas. Tanto en los refugios como cuando la gente vuelve a sus lugares de origen es clave crear medidas de seguridad para prevenir la violencia sexual. Hay ejemplos tan sencillos como acompañar a niñas y mujeres cuando van al servicio higiénico, en especial si es una letrina alejada.

“Los abusadores vigilan a las víctimas, sabe si sale a hacer mandados, el camino que recorre, cuando va a la letrina o a lavar. Esa mirada del abusador sobre niñas y niños en especial, les coloca en riesgo, estén o no en un refugio”, sostiene Ruth.

Por eso es importante que las personas que asumen el cuido de niñas y niños recuerden algunas ideas fundamentales:   

Fuente: Servicio de Protección de Derechos, Argentina
Fuente: Servicio de Protección de Derechos, Argentina

Esta no debe ser una tarea exclusiva de las mujeres sino de toda la familia y la comunidad, que debe funcionar como un paraguas protector para la niñez, escucharles y vigilar qué pasa. “Ya sabemos que los abusadores están pendientes en especial de niñas y niños ‘des-cuidados’. En un albergue hay que vigilar cuando juegan y quién les está viendo”, recomienda.

También recalca que es fundamental reconocer a niñas y niños como personas sujetas de derecho y darles herramientas para identificar cuando alguien les violenta. “Hay errores como obligarles a saludar con beso a otras personas y si no lo hacen les regañamos. Eso no debe ser así, debemos aprender a aceptar el NO de niñas y niños, no decir que son malcriados, porque esa es una herramienta útil para que se defiendan cuando están solos”, explica la sicóloga.

“Y si el abuso ya ocurrió es fundamental escuchar, creer y acompañar. Escuchar todo el relato sin interrumpir ─aunque nos duela o enoje─, no cuestionarle diciendo por qué no me dijiste antes o lo voy a matar. Hay que entender que pueden sentir miedo o confusión, porque muchas veces el abusador les involucra y hace corresponsables”, expresa. En cualquier caso hay que buscar acompañamiento sicológico además del legal si se decide poner denuncia.

Los desastres reabren heridas

“Para el Mitch nos unimos a una red de recuperación emocional para atender a sobrevivientes del huracán y en los refugios nos dimos cuenta que muchas personas cargaban duelos anteriores no procesados, duelos congelados, como dice Martha Cabrera, por eso promovimos espacios de sanación y duelo”, rememora Ruth.

Durante varios meses esta red de terapeutas comprobó que la tragedia había puesto al descubierto no solo las heridas provocadas por el fenómeno, sino por sus historias personales, eventos históricos y por las múltiples opresiones que vivían. “Por eso hicimos grupos de autoayuda y talleres de recuperación emocional donde las mujeres pudieron hablar y compartir sus historias. Muchas tomaron conciencia de que habían tenido una vida difícil y que estaba relacionada con situaciones de pobreza, de vivir con una pareja violenta o de abuso sufrido en su niñez”, cuenta Ruth.

Ella nos explica que cuando hemos vivido situaciones de crisis, la nueva crisis nos hace reconectar con situaciones pasadas. “Un evento externo puede actuar como un disparador que provoca una crisis emocional cuando las personas no creen que tienen los recursos para enfrentar esto”. Por eso es importante trabajar en procesos de recuperación emocional para que las personas identifiquen sus capacidades y potencialidades, que se conecten a las fortalezas con las que lograron sobrevivir a eventos anteriores.

gente-abrazandose-otros-evento-dia-juventud_23-2148599643

En los talleres se habló de la importancia de reconocer los recursos internos y externos con que contamos. Estos son las habilidades, cualidades y experiencias además de las fuentes de apoyo que tenemos: familia, amistades, personas u organizaciones que nos han ayudado. También es importante saber cómo acceder a estos recursos y tener claro que así como hemos sobrevivido en el pasado, podemos salir adelante con la nueva situación.

Por eso es urgente crear espacios para hablar, desahogarnos, sentirnos escuchadas y comprendidas, y además saber que otras personas también han pasado por lo mismo. “Ayudar, ayuda mucho. Si sos damnificada y ayudás a otra te sentís mucho mejor al saberte útil con otras personas”.  Esos espacios deben ser seguros, es decir, se debe potenciar la confianza y la confidencialidad para compartir emociones y vivencias y así darles un marco de sanación. “Es sanador hacer catarsis, pero también vernos como personas capaces de salir de esto”, finaliza Ruth.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *